Aprender es un arte
Aprender es un arte requiere un desarrollo y un proceso que inicia por el interés. La lectura y el estudio han sido una pasión en mi vida. La curiosidad me ha hecho diferente a los demás. Cuestionar y preguntar…es así como inicia mi proceso de aprendizaje. Siempre estuve rodeada de libros, mi padre y mi madre me infundían ese amor al conocimiento. Ellos, dos profesores de escuela vivían en continua evolución y se esmeraban por estar actualizados. Muchas veces hicieron falta muchas cosas, pero entre ellas, no figuraban los textos educativos. De los libros nacían un sinfín de preguntas que me llevaban a buscar otro y otro libro. Aprender es muy fácil cuando el ambiente lo permite, como en mi caso. Los mejores aprendizajes los obtuve de mis padres, de igual manera de mis hermanos; que la mayoría del tiempo estaban leyendo o optaban por la televisión educativa. En la escuela la exigencia era mínima, eso me frustraba y me hacía sentir que perdía el tiempo. Poco a poco me empecé a acoplar, pero no avanzaba mucho. Es así como he deducido, que las fallas educativas en la niñez repercuten para toda la vida. Eran muchos los talentos que podía desarrollar; lo que se conoce hoy en día como las inteligencias múltiples, tales como la lingüística, la música, la quinésica y otras. Aunque yo trataba de aprender y daba lo mejor de mi, el profesor gritaba desesperado en un grupo de cuarenta estudiantes donde ninguno mostraba disposición para la clase. Al momento de retomar las lecciones en casa, hacía un esfuerzo por recordar lo poco que el docente exponía, porque la mayoría del tiempo lo empleaba para mantener la disciplina. Es así como la recordación no era muy eficaz para mi aprendizaje, sin embargo el retomar el tema y hacer un repaso de lo poco que había entendido me hacía avanzar a pasos cortos, pero largos con respecto a mis compañeros. Aquí nace una de las fallas que considero significativa; el ambiente escolar influyó mucho negativamente. El grupo era demasiado grande, el profesor no tenía la opción de desarrollar la destreza de sus estudiantes porque no podía prestar una atención semipersonalizada. El silencio en el aula, es un factor importante para lograr captar las ideas y al momento del repaso, no sea tan difícil recordar. Considero que en mi edad escolar mi memoria funcionaba al cien por ciento. Tenía la capacidad de aprenderme una hoja completa de un texto al pie de la letra. El método que usaba era la repetición, aunque, debo acotar que después de los dieciséis eso se convirtió en una tortura porque siento que perdí esa capacidad, además porque no trabajé en ello ejercitándola. La visualización me funcionó en el bachillerato. Para los temas mas complejos, me transportaba a la historia, hecho, acontecimiento y jugaba un rol en la escena. Esa técnica, me sirvió hasta para aprender acerca de los protistos y bacterias. En ese tiempo la memoria ya no era lo que fue en su momento, por eso acudía a otras tácticas. Una de ellas era tomar los textos y solo subrayar las ideas principales. Al final del texto releía las ideas subrayadas y comprendía con mas facilidad. Debo aceptar que muchos de esos temas los olvidé en el camino porque no eran de mi interés y nunca los volví a retomar. En el bachillerato algunos profesores no me permitían rayar los libros, así en el final de la lectura cuando iba a retomar mis ideas era muy complicado y no lograba comprender lo esencial del texto. Desaprender, me resulta muy fácil hoy en día. Aprendo más de mis errores que de los conocimientos que doy por verdaderos. Es algo inhato, ya recuerdo más mis equivocaciones y trabajo en los errores. Cuando era pequeña, las personas me corregían y odiaba eso. Creo que de ahí nace mi interés por desaprender y remediar en cierta forma las acciones que realizo en una mala forma. LUISA JOHANNA VELASCO
